La Semana de la Lactancia Materna

Alimentarse, una de las actividades más esenciales para la vida nos resulta muy común. Nunca pensaríamos en recriminarle a alguien por qué come, si sabemos que no ha probado bocado en todo el día. Sin embargo, algo así parece suceder cuando hablamos de las madres que amamantan a sus hijos en público. En múltiples ocasiones he sido testigo del rechazo que sufren las mujeres al amamantar en un lugar público. A veces son simples muecas de disgusto, otras confrontaciones directas, todas son actos basados en prejuicios e ignorancia.

 

La lactancia materna es fundamental para el crecimiento de los recién nacidos, no obstante sus beneficios no es una práctica muy común, pues solamente 1 de cada 10 mujeres que trabaja amamanta a sus bebés.[1]

 

Del 1 al 7 de agosto de cada año, desde 1990, se celebra la semana de la lactancia materna. En 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF promulgaron la Declaración de Innocenti, la cual busca promover, protege y apoya la lactancia materna. 

 

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce que la lactancia natural es el mejor método para proveer a un recién nacido de los nutrientes que requiere. La OMS lo recomienda como el único medio de alimentación por los primeros 6 meses de vida; después se recomienda seguir con la lactancia materna por los dos primeros años de vida, complementando la alimentación con otros alimentos.

 

La leche materna aporta todos los nutrientes que un recién nacido requiere en sus primeros meses de vida, y cubre más de la mitad de las necesidades de nutrientes durante los primeros 12 meses de vida. Al tratarse de una leche específica para el consumo humano resulta ser más fácil de digerir que la fórmulas en polvo, y que cambia en su contenido nutricional de acuerdo con las necesidad del infante. Asimismo ayuda al desarrollo maxilofacial, pues el bebé al extraer la leche utiliza un mayor número de músculos faciales. [2]

 

De acuerdo con la OMS, la leche materna fomenta el desarrollo sensorial y cognitivo, y protege al niño de enfermedades infecciosas y crónicas. Al alimentar, durante los primeros seis meses, al bebé exclusivamente de leche materna se reducen las posibilidades de mortalidad del lactante por enfermedades comunes, como la neumonía. Independientemente de ello, esto no exime que los menores de 6 meses deban recibir el esquema de vacunas correspondiente para fortalecer su sistema inmunológico y de protección contra enfermedades.

 

Si bien los contextos desfavorables, como la malnutrición en la madre o falta de acceso a servicios de saneamiento, ponen en mayor riesgo a los infantes la lactancia, como principal fuente de alimento, sigue siendo una forma efectiva de prevenir enfermedades en los recién nacidos. Diversos estudios han demostrado que la lactancia sirve para prevenir enfermedades tanto en sociedades desarrolladas, como en sociedades en vías de desarrollo.[3]  

 

La lactancia no solamente beneficia al bebé, sino que para la madre también hay ventajas. En primera instancia, permite espaciar los embarazos, dando tiempo a que el cuerpo se recupere. Además, también reduce el riesgo de padecer cáncer de ovarios y mama, diabetes tipo 2 y depresión post parto.[4]

 

Lactancia-Materna-Gerardo-Barroso

A pesar de los múltiples beneficios en México el promedio de lactancia exclusiva en los primeros 6 meses de vida es del 14%, el más bajo en América Latina. Esto se debe a varias razones, en primera instancia desconocimiento, por parte de los padres, de los beneficios e importancia de la lactancia.

 

Otra razón por la cual los porcentajes de lactancia exclusiva son tan bajos en nuestro país se debe a temas sociales. La falta de espacios adecuados para alimentar a los bebés en oficinas o el tabú de realizarlo en espacios públicos inhibe a las mujeres a dar pecho. Crear un entorno confortable para que las madres puedan alimentar a sus bebés es responsabilidad de todos, pues de esta forma contribuimos al sano desarrollo de niños que posteriormente serán adultos en nuestra sociedad.

 

Las parejas tienen un papel fundamental en el proceso de la lactancia, pues son quienes pueden ayudar a la madre a generar espacios cómodos para ella y para el bebé al momento de amamantar.

 

Existen circunstancias en las que no es posible amamantar.  Cuando la madre está tomando algún medicamento especial o tiene un enfermedad transmisible al infante por medio de la leche materna, como puede ser el VIH. Por otra parte el bebé puede tener algún trastorno alimenticio que demande suplementar la dieta con otros alimentos. Hay casos extremos en los que el bebé no puede recibir pecho, y requiere una alimentación a base de fórmula especializada. Estos son:

 

a) Galactosemia clásica: se necesita una fórmula especial libre de galactosa;

b) Enfermedad de orina en jarabe de arce: se necesita una fórmula especial libre de leucina, isoleucina y valina.

c) Fenilcetonuria: se requiere una fórmula especial libre de fenilalanina (se permite amamantar un poco, por un tiempo, con monitorización cuidadosa).[5]

 

Diferentes instancias internacionales y nacionales han impulsado campañas informativas para promover la lactancia, sin embargo es nuestra responsabilidad, como individuos, fomentar y promover un entorno que facilite alimentar a los bebés. Esto va desde los espacios físicos hasta los prejuicios culturales. Como doctores nos enfocamos en el correcto desarrollo del embarazo, el cuidado de la madre y el bienestar del niño, no obstante pasamos por alto el preparar a la madre, con información, sobre lo que viene, cuáles son sus derechos, que problemas puede enfrentar y cómo puede solucionarlos.

 

 

[1] https://www.unicef.org/mexico/spanish/17051_30378.htm

[2] http://salud.edomexico.gob.mx/html/importancia_lactancia.htm

[3] http://www.who.int/nutrition/topics/exclusive_breastfeeding/es/

[4] http://www.who.int/features/factfiles/breastfeeding/facts/es/index2.html

[5]http://www.who.int/nutrition/publications/infantfeeding/WHO_NMH_NHD_09.01_spa.pdf